En el borde la carretera a solo unos kilometros ya de mi destino, pasando una de las numerosas travesías, mis ojos se volvieron hacia una casa en particular, decididamente frene en cuanto puede y es que sin apenas mirar intuí unas formas de vespa tras una vaya metálica, pero a la vez veía una escultura animal, nada, voy a dar la vuelta, eso era una moto, tengo que verlo...
Alli estaba la moto que había intuido ver, y a la vez el pajaro, al instante aparecio un amable señor, Renato, que nos invito a pasar. Dentro seguí viendo animales y motos, personas y recambio, chatarra y vida.
Y finalmente a Imola llegue, confirmando nuevamente que lo importante no solo es el destino sino lo que encuentras en el camino.
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